En una tarde cargada de tensión, dramatismo y desahogo, Temperley se quedó con una victoria inolvidable ante Los Andes en el estadio Eduardo Gallardón. El Gasolero pasó de estar al borde de la derrota a celebrar un 1 a 0 agónico que quedará en la memoria de su gente.
El desenlace fue tan inesperado como electrizante. Cuando el partido se moría, el árbitro Bruno Amiconi sancionó un penal muy discutido para Los Andes que parecía sentenciar la historia. Mauricio Asenjo se hizo cargo, pero su remate se fue por encima del travesaño, desatando todo el estadio. En la jugada siguiente, Temperley golpeó: Lorenzo Monti armó la réplica y asistió a Fernando Brandán, que de cabeza marcó el único gol del partido ante una floja respuesta de Sebastián López.
Más allá del cierre vibrante, el encuentro había sido parejo desde el inicio. En el primer tiempo, Temperley contó con la situación más clara en los pies de Facundo Kruger, pero Daniel Franco evitó el gol sobre la línea. Con el correr de los minutos, Los Andes tomó el control y exigió a Ezequiel Mastrolía, quien respondió con solvencia ante dos cabezazos peligrosos en el área chica.
En el complemento, el ritmo decayó. Los cambios introducidos por Nicolás Domingo y Leonardo Lemos no lograron romper la paridad y el partido parecía encaminarse al empate. Sin embargo, el cierre tuvo todos los condimentos: polémica, tensión y un golpe letal.
La victoria no solo significó tres puntos clave para Temperley, sino también el fin de una larga racha sin triunfos en el Gallardón, donde no ganaba desde hacía 15 años. Además, el clásico volvió a teñirse de celeste después de siete años, un dato que potencia aún más la magnitud del triunfo.
El festejo tuvo su epicentro en Turdera. Tras el pitazo final, los hinchas se trasladaron al estadio Alfredo Beranger, donde se desató una celebración que se extendió hasta altas horas de la noche. Banderas, cánticos y una emoción contenida durante años le dieron forma a una jornada inolvidable. En este domingo, Temperley no duerme. La alegría copó las calles y el Gasolero volvió a sentir el sabor más esperado: el de ganar el clásico.
