En las calles de Temperley, el paso del tiempo no logró borrar una de las páginas más oscuras de su historia. A 51 años de la masacre de Pasco, el barrio San José sigue siendo escenario de memoria activa, donde vecinos y organizaciones mantienen vivo el recuerdo de las víctimas de aquel brutal operativo represivo.
La noche del 21 de marzo de 1975 quedó marcada para siempre en la identidad local. En ese sector de Temperley, un grupo armado vinculado a la Triple A desplegó un accionar sistemático de secuestros y asesinatos que sembró el terror en toda la comunidad. Siete personas fueron capturadas y ejecutadas, mientras que Gladys Martínez fue asesinada en su propia casa.
El operativo no solo buscó eliminar a determinadas personas, sino también disciplinar a un barrio entero. Los secuestros se realizaron con violencia y amenazas, obligando a las víctimas a subir a vehículos bajo la mirada impotente de familiares y vecinos. El terror fue inmediato, pero también duradero: Temperley quedó atravesado por una herida profunda que aún hoy persiste.
Las víctimas —entre ellas el concejal Héctor Lencina, Héctor Flores, Aníbal Benítez, Germán Gómez, los hermanos Eduardo y Alfredo Díaz, y Rubén “Cacho” Maguna— fueron trasladadas a un descampado, donde fueron ejecutadas en una escena de extrema crueldad. El caso de Maguna, sin militancia política, reflejó el carácter indiscriminado de la violencia.
Con el paso de las décadas, Lomas de Zamora y particularmente Temperley se consolidaron como espacios de construcción de memoria colectiva. Actos conmemorativos, señalizaciones y el trabajo de organismos de derechos humanos sostienen el reclamo de memoria, verdad y justicia frente a los crímenes del terrorismo paraestatal.
Hoy, la masacre de Pasco no solo es un hecho del pasado: es una advertencia presente. En cada recordación, Temperley reafirma su compromiso con la memoria y con la defensa de los derechos humanos, para que el horror no vuelva a repetirse.
